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En tiempos remotos este lugar estuvo ocupado por los Celtas pero la romanización fue la que transformó culturalmente esta región. Su presencia permanece en los diversos restos arqueológicos conservados en el Museo Nacional Machado de Castro, construido sobre el criptopórtico de la Civita Aeminium, el foro de la ciudad romana. Después vinieron los visigodos entre el año 586 y el 640, cambiando el nombre de la localidad a Emínio. En el año 711, se convierte en una ciudad morisca y mozárabe. En el año 1064 es conquistada por el cristiano Fernando Magno y gobernada por el mozárabe Sesnando.

La ciudad más importante al Sur del Río Douroo, fue durante algún tiempo residencia del Conde D. Henrique y Dª. Teresa, padres del primer rey de Portugal, D. Afonso Henriques, que aquí nació. Bajo su mandato fue integrada en territorio portugués en el 1131. Datan de esa época algunos de los monumentos más importantes de la ciudad: la Sé Velha (Catedral Vieja) y las iglesias de São Tiago, São Salvador y Santa Cruz, en representación de la autoridad religiosa y de las diversas ordenes que aquí se establecieron.

En Coimbra fue donde desencadenó el amor prohibido entre D. Pedro I (1357-67) y la dama de corte Dª. Inés, ejecutada por orden del rey D. Afonso IV, que vio en este romance el peligro de una subyugación a Castilla. Inspirando a poetas y escritores, su historia sigue formando parte del patrimonio de la ciudad.

Capital del reino durante la Edad Media, durante el Renacimiento fue cuando Coimbra se transformó en un lugar de conocimiento, cuando D. João III (1521-57) decidió trasladar definitivamente la Universidad a la ciudad, al mismo tiempo que se creaban numerosos colegios como alternativa a la enseñanza oficial.

En el siglo XVII los jesuitas llegaron a la ciudad, señalando su presencia con la construcción de la Sé Nova (Catedral Nueva). En el siglo posterior, la obra regia de D. João V (1706-50) enriquecerá algunos de los monumentos de Coimbra, incluyendo la Universidad. D. José I (1750-77) realizará algunas transformaciones bajo el mandato del Marqués de Pombal, principalmente en la enseñanza.

A principios del siglo XIX, las Invasiones Francesas y las guerras liberales portuguesas dieron comienzo a un período conturbado, sin gran desarrollo para la ciudad. Desde entonces, los estudiantes han sido quienes la han recuperado y transformado en la ciudad universitaria por excelencia de Portugal.

Son posibles diferentes itinerarios para conocer todo el patrimonio que existe en Coimbra. Siguiendo el plano de la ciudad hasta el siglo XIX, sugerimos que comience con dos paseos, uno por la Alta y otro por la Baixa de Coimbra.

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A orillas del Mondego, Coimbra es famosa por su Universidad, la más antigua de Portugal y una de las más antiguas de Europa, que con el paso del tiempo ha modelado su imagen, convirtiéndola en “la ciudad de los estudiantes”.

Comenzamos la visita precisamente en la universidad, fundada en el siglo XIII e incluida por la UNESCO en la lista de Patrimonio Mundial, una clasificación que abarca asimismo la Rua da Sofia y la parte alta de la ciudad. Merece la pena subir a la torre, donde se encuentran las campanas que marcaban el ritmo de las clases, para disfrutar de la magnífica vista de 360 grados sobre Coimbra. Pero en la planta baja hay mucho que visitar: el Patio de las Escuelas, la Sala dos Capelos (Sala de los Birretes), donde tienen lugar las ceremonias más importantes, la Capilla de San Miguel, con un imponente órgano barroco y la Biblioteca Joanina, que cuenta con más de 300.000 obras que datan entre los siglos XVI y XVIII dispuestas en bellísimos estantes ornamentados con talla dorada. El conjunto de edificios ocupa el lugar del palacio en el que vivieron los primeros reyes de Portugal, los cuales llegaron a establecer aquí la capital del reino.

A esa época pertenecen varios monumentos que presentan el esplendor del arte románico. Localizados en la Baixa, zona de compras y de cafés históricos, son de obligada visita el Monasterio de Santa Cruz, que alberga la tumba del primer rey de Portugal, Alfonso Henríquez, y, en la otra orilla, el Monasterio de Santa Clara-a-Velha, restaurado y rescatado de las aguas del río que lo anegaron a lo largo de los siglos. O también la Sé Velha (Catedral Vieja), en cuyas escaleras tiene lugar la serenata monumental en la que los estudiantes vestidos con capas negras cantan con mucho sentimiento el Fado de Coímbra. Este es uno de los actos de la Queima das Fitas (Quema de las cintas), en la que todos los años en mayo, los estudiantes del último curso celebran la finalización de sus estudios en una fiesta llena de color. Esa animación también se deja sentir durante todo el año en las numerosas tascas y en las Repúblicas, las residencias de estudiantes, ejemplos de vida en comunidad.

Pero hay mucho más que ver. Entre un conjunto de gran valor, el Museo Nacional Machado de Castro conserva el criptopórtico romano y da a conocer la historia de la ciudad. También son muchos los jardines que no se puede perder, como el de Choupal, el de la Quinta das Lágrimas, escenario del romance entre Don Pedro e Inés de Castro, o el Jardín Botánico. A los niños, y no tan niños, les encantará el Portugal dos Pequenitos (Portugal de los Pequeñitos), un parque que reproduce a la escala de los más pequeños los principales monumentos portugueses.

Coimbra no es solo tradición, también posee estructuras modernas que vale la pena conocer, como el Polo II de la Universidad, el Puente peatonal Pedro e Inés, y el Pabellón Centro de Portugal en el Parque Verde do Mondego. Y para tener una perspectiva diferente de toda la ciudad, le aconsejamos un paseo en barco por el río Mondego.

Según un fado cantado por los estudiantes, “Coimbra tiene más encanto a la hora de la despedida”, pero tal vez no sea necesario llegar a ese momento para descubrirlo…

Para no perderse

> en la Universidad visitar la Biblioteca Joanina y subir a la torre para disfrutar de las vistas
> conocer la Sé Velha, uno de los edificios románicos portugueses más bellos
> visitar Portugal dos Pequenitos
> onocer el Monasterio de Santa Clara-a-velha
> pasear por los jardines de la Quinta das Lágrimas
> apreciar el criptopórtico —lo que resta de la Coimbra de la época romana— en el Museo Nacional Machado de Castro
> saborear los pasteles de Santa Clara o las arrufadas (bollo con huevos y azúcar) en uno de los cafés históricos de la Baixa